Criminología cultural repiensa las pandillas
Lis Horta Moriconi 29/02/2008 - 02:00.
"Muchos de los problemas de las Américas y de Europa se definen a través del concepto de crimen. Necesitamos tener un discurso crítico sobre este asunto y preguntarnos: ¿cómo se construye el crimen? ¿Cuáles métodos se usan para desvelar el crimen?
Cuestiones como estas se enfocan en una serie sobre criminología cultural con enfoque en las pandillas donde Comunidad Segura explica el concepto y entrevista dos especialistas sobre el tema en entrevistas exclusivas: David Brotherton y Luis Barrios, ambos de Nueva York.
Las palabras mencionadas en el primer párrafo son del co-editor de la Enciclopedia de las pandillas”, David Brotherton, director del Departamento de Sociología de la Facultad John Jay de Justicia Criminal, la mayor en el asunto en Estados Unidos. En su opinión, la visión tradicional de la criminología limitó un fenómeno social mucho más amplio a expresiones menos importantes que el comportamiento criminal. Un ejemplo clásico son las pandillas.
“Las pandillas son una forma de tratar con la exclusión social y verlas simplemente como organizaciones criminales es dejar de comprender el fenómeno”, afirma Brotherton. “Nosotros no tuvimos, en realidad, ninguna guerra de pandillas en Nueva York, por ejemplo, a pesar de ser el hogar de las pandillas en los Estados Unidos. Un importante hecho social que los colegas tienden a olvidar.”
Estudioso del nuevo campo de la criminología cultural, virtualmente desconocido en América Latina, Brotherton afirma que "una de las mayores exportaciones ideológicas de Estados Unidos es su versión de justicia criminal que ignora la justicia social. En lo que se refiere a las culturas jóvenes, pandillas y globalización, la criminología cultural criminal está interesado en lo que ocurre cuando se junta exclusión con control y resistencia.”
Fue en parte para responder a esta cuestión que Brotherton editó en noviembre la ambiciosa Enciclopedia de las Pandillas. “Quería que el libro se distanciara de la visión estrecha de las pandillas como estando relacionadas sólo a drogas, violencia y patologías y que mostrase la extraordinaria variedad y tipos de pandillas, su globalización, y la variedad de perspectivas para más allá de la visión norteamericana de la cuestión adoptada internacionalmente, incluso en Brasil".
Según Brotherton, la enciclopedia parte de textos ortodoxos sobre criminología y ofrece una visión sobre las pandillas alrededor del mundo que no se encuentra en publicaciones similares y que engloban desde España, México, Brasil, Alemania, Francia, Rusia hasta Estados Unidos.
De acuerdo con el profesor, las pandillas sorprenden a los investigadores al demostrarse como actores sociales complejos. Al hablar de Nueva York, Brotherton dice que “cuando el mercado de crack se agotó, las pandillas callejeras se quedaron libres y empezaron a funcionar como movimientos sociales. Un ejemplo son los Latin Kings/Queens como mencioné en mi libro con Luis Barrios “Pandillas y sociedad”. Un efecto importante de ello fue que las pandillas fueron gradualmente abriendo mano de sus territorios, al revés de lo que ocurrió en Los Angeles y Chicago en la década de 90”.
Bulimia social
Al tomar como ejemplo los Almighty Kings y Queens, el libro de Brotherton, "Pandillas y sociedad", de 2003, dirige la mirada hacia lo que un crítico describió como aspectos sub-relatados de la vida de las pandillas, como "sus prácticas políticas, espirituales y educacionales, el uso que hacen de tácticas no violentas para poner fin a los conflictos con las pandillas rivales y la importancia de los textos espirituales y rituales en sus actividades diarias."
Brotherton contesta la visión convencional sobre las clases más bajas. "Históricamente, tanto la derecha como la izquierda tienen una visión equivocada de las poblaciones marginadas socialmente como siendo simplemente fantoches de su condición social", visión ésta que dejaría de examinar realmente el papel de las pandillas, su longevidad e internacionalización.
"Los que son marginados socialmente, que son excluidos, son, sin embargo, culturalmente incluidos como consumidores. Todo el mundo, tanto clase media o no, es objeto y sujeto de lo que denominamos de 'commoditificación' (transformarlo todo en mercancía). Este fenómeno fue descrito por uno de los exponentes de la criminología cultural, Jock Young, como bulimia social", explica Brotherton.
Graffiti, ¿noticias o crimen?
El sociólogo Luis Barrios, coautor de "Pandillas y sociedad", cree que los crímenes cometidos por las pandillas en Estados Unidos se exponen de forma desproporcionada en los medios. “Este tipo de crimen gana espacio en los medios de comunicación, pero no es nada si comparado, por ejemplo, a la violencia doméstica en términos de estadísticas. Lo que vemos es un tipo de organización social siendo visiblemente criminalizada."
Barrios, que es cura y trabaja con organizaciones que promueven la cultura de paz en Manhattan, Nueva York, menciona la práctica del pintadas como ilustrativa de lo que acaba de afirmar. “existen lugares en Nueva York donde las pintadas son una forma de comunicación de la comunidad. Las personas leen en los muros información como la muerte de alguien y ponen flores y tributos debajo del anuncio. Ese no es el tipo de información que sale en los periódicos locales. Hacer de las pintadas un crimen es una tontería”, afirma Barrios.
Barrios informa que la violencia de las pandillas es responsable como mínimo del 1% de los crímenes y que la mayor parte de la violencia en la sociedad está escondida en las clases más bajas.
35% de los pobres son jóvenes
“Algunas comunidades son más vulnerables que otras por causa de la falta de políticas adecuadas para tratar la desigualdad”, explica Barrios. Para él, tenemos que evaluar qué tipo de violencia se está discutiendo. Él cuenta que una vez le invitaron a visitar una escuela en Nueva York donde la violencia estaba en un nivel cercano al no administrable.
“La escuela tenía ocho mil personas en un lugar proyectado para dos mil. Superpoblación lleva a la violencia”, explica Barrios añadiendo que “el error es poner la culpa a los individuos y no en el sistema, en la estructura.”
El sociólogo afirma que, para entender las dimensiones del crimen es importante mirar hacia los datos de forma crítica. “Los jóvenes en Estados Unidos son aproximadamente el 25% de la población general y cerca del 35% de la población pobre. Al revés de criminalizar la pobreza, ¿por qué no intentar entender las estrategias de resistencia?, cuestiona.